Compartiendo ideas

¿Alguna vez has participado en una lluvia de ideas?

Seguramente habrás notado lo fácil que es dar con el resultado final.

Todos hemos estado ahí. Pareciera que hemos tenido una gran idea, de esas enormes que brillan por sí mismas; la guardamos con recelo y esperamos el instante adecuado del día para compartirla con alguien. Cuando al fin llega ese momento, contamos emocionados nuestra creación y el escucha en cuestión inmediatamente responde con una valiosa aportación, lo cual hace que nuestra primer idea sea potencialmente mejor que su versión inicial.

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El ser humano es social y creativo por naturaleza, no es coincidencia que estas cualidades vengan por default en un organismo tan complejo. ¿Has escuchado el dicho “dos cabezas piensan mejor que una”? Bueno, para que el resultado de dos cabezas funcione, tendría que haber un proceso de comunicación de por medio, ¿no lo crees?

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Ilustraciones por @rodrigo_297
“Las ideas son conceptos libres y por lo tanto deben fluir…”

Tenemos la capacidad de crear y compartir grandes cosas porque al ser únicos e irrepetibles, nos complementamos. Cada uno de nosotros con sus talentos y habilidades tiene la posibilidad de aportar una parte de sí a un proyecto, pues cada quien es conocedor de aquello que más le inspira. Quizás alguien tiene el plan de abrir una cafetería pero al platicarlo a un amigo, éste puede darle la idea de hacerla conceptual y finalmente resultar un éxito rotundo.

Las ideas son conceptos libres y por lo tanto deben fluir; cuando tomamos la decisión de sacarlas de su jaula el resultado siempre es satisfactorio. La creatividad se alimenta y funciona mejor cuando lo hacemos entre dos o más personas, por eso las lluvias de ideas siempre son muy efectivas.

¿Tienes en mente algo brillante? Imagina el potencial de tu aportación ahora que sabes que alguien allá afuera podría tener la otra mitad de tu gran idea y que, juntos, son capaces de construir algo realmente deslumbrante.